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Ícaro

De puño y letra (?)

La última y nos vamos

Pues sí. Esta es la última ronda. Después de ella no volveré a escribir más en este espacio. No ha sido como yo esperaba que fuera y el hecho de que escriba muy poco no tiene caso. No puedo seguir. Pero por lo menos me retiraré con dignidad y les regalaré un artículo más de cada tema. Esto es el comienzo de mi despedida de esta página. Ícaro comienza su vuelo otra vez. Después de su reciente muerte es justo.

De vuelta a clases

El primer día de mi sexto semestre. No me quejo.
Para empezar me alegró ver a la mayoría de las personas con la que tomo clase: Chale, Coco, Bere, Bertha, Agus, Kenia, Brenda, Bety, Cuate... (el orden es en el que me los fui encontrando); y sobre todo me alegró darme cuenta de que por primera vez en muchos meses llegué puntual y no tuve que arriesgarme a chocar con algo o alguien al derrapar por los pasillos del módulo.
1a. Clase: Teoría de juegos. El profesor corroboró todos los rumores que corren respecto a su famosísimo chovinismo al hacernos gala de un ejemplo (que poco tenía que ver con la economía) poniendo a la mujer en el punto del rìdículo, ejemplo que nos fastidió a Cuate, a Kenia y a mi (aunque resultó algo gracioso)... Luego, su moralista comentario con respecto al dinero y la calidad de las personas que más que nada, pareció pretencioso; si utilizo sus propias palabras diría que fue somálico. Un imbécil.
Inglés. Nos sirvió para entrar en calor, despavilarnos y hacer algo de ejercicio.
Tercera Clase: el profe no fue. Pasamos, Cuate y yo, dos horas platicando de nuestras respectivas vacaciones. Me alegró saber que ella había regresado revitalizada y con ganas de... echarle ganas, pero más me alegró comentarle de mi propia alegría y así disfrutar juntos nuestra nueva felicidad.
La última clase fue especialmente aburrida. A pesar de que la profesora nos dejó salir mucho antes, pareció una eternidad. Los bostezos no se hicieron esperar. Ah, por cierto, en esta clase me enteré de que me habían vuelto a elegir como su jefe de grupo sin siquiera preguntarme; tontos, los dejaré con su cargo volando.
No puedo decir que fue un mal dìa. Al contrario, creo que pocas veces regreso a clases con tanta energía. Veremos cuánto me dura.

Un beso

Un beso ¿Qué es un beso, un beso robado?
No lo sé.
El último que robé fue ayer, aunque no pude evitar sentirme ruín por ello.
Pero al mismo tiempo me hizo sentir algo más. Algo que no puedo explicar. Me confunde.
Pero ese beso fue más que eso. Con ese beso olvidé lo que me había estado recordando desde hace más de un año, o más bien, a quien había estado recordando.
Además ese chico ha estado despertando en mí todas aquellas esperanzas que desde entonces había perdido. Casi siento que por él sí podría dejarlo todo. No me ha dado señales de que quiera andar conmigo, y tal vez nunca me las de, pero me basta con tenerlo cerca y sentir que puedo volar de nuevo tomado de su mano... y pensar que un niño me enseñara a volar de nuevo.
Que si lo amo? No, no lo creo, o al menos no todavía. Y más me valiera que eso nunca pasara, pero por lo menos ahora no tengo miedo de que eso suceda. No me atormenta el temor de caer, no si es desde su cielo. Después de todo, ya conozco el suelo.

Por ti... en ti...

Tú lo viniste a cambiar todo. De no ser por tí no estaría yo en esta situación. No trataría de encontrar lo que una vez encontré en tí. Tal vez sea eso. Tal vez sea que estoy buscando en otro lado lo que sólo pude encontrar en tí. Y es que hasta la fecha no sé en dónde más buscar; porque ya no puedo buscarlo en tí; porque creo que en ti ya no lo voy a encontrar; quizá ni siquiera a ti.
Hace ya varias lunas que ya no te veo y la última vez fue luna llena, y al contemplarla, creí estarte contemplando a ti. Creí poder contemplar tu rostro y esos ojos tristes que no dejaban de mirarme, aquellos ojos que no me dijeron nada; aquéllos en los que busqué una chispa o al menos un miligramo de cariño, si es que al cariño se le puede medir por el peso.
Ahora veo otros ojos y sé exactamente lo que hay en ellos y no se acercan ni siquiera a lo que estoy buscando. Aquello que una vez traté de encontrar en ti. No hay mirada que me satisfaga ni beso que me acaricie el alma. Sólo tu beso pudo tocar mi ser y creí que mi beso podría tocarte a ti.
Sé que estás lejos, pero no sé en dónde estás y aunque la distancia es corta sé que tal vez no te vuelva a encontrar.
Daría mi vida por un beso como aquél, por una caricia tuya como la de aquel día, y daría mi vida en aquel momento si alguna vez llegara a ocurrir. No habría cielo que nublara mi felicidad si eso sucediara, ni palabra, por más venenosa que fuere, que restara siquiera un poco de pasión a esta alma maltratada.
Pero ese momento puede estar lejano. Podrían pasar siglos ante de que algo así volviera a suceder.
Han pasado varias lunas desde aquel terrible adiós y aún guardo aquel sabor tan amargo que tus dulces labios dejaron en mi boca... y todavía reclamo por amor.

Isla o continente?

Noticias del naufragio:
El domingo me han visto.
¿Cuántos?
No sé. Pero fueron muchos.
Caminaba sobre tierra firme (al fin), un lugar al cual le llaman Taissia. No sé todavía lo que es --isla o continente--, a pesar de que llevo ya dos semanas caminando por ella. Y este domingo me han visto por primera vez. He descubierto que también hay otras personas. Pero el naufragio ha terminado, al menos por ahora. No sé qué es lo que me depara mi camino. Veo nubes de tormenta a lo lejos, pero no sé cuando llegarán, aunque tengo la certeza de que sí llegarán. Esas nubes me amenazan y amenazan mi permanencia en esta hermosa tierra. No sé si aguante. No sé si Taissia sea capaz de soportar esta tormenta. Podría hundirse como lo hicieron las islas anteriores y dejarme nuevamente a la voluntad del océano. Pero temo más por ella, ella no es como las anteriores. Esta tierra es buena e inocente. Es una tierra como las que jamás había pisado. Además las anteriores se hundieron más que nada por la marea. Sobre Taissia puede azotar una tormenta y destruirla. La tormenta de la realidad y del pasado. Pobre de ella cuando suceda. Pobre de mí.
Pero ahora estoy feliz. No debo temer. No debo rendirme. Lucharé por permanecer en ella tanto cuanto ella me lo permita.
Tengo la oportunidad de amar a alguien que puede amarme, aunqeu signifique olvidar al Dédalo que tanta felicidad me dió.
Tal vez pueda reparar mis alas en esta isla. Tal vez pueda llevármela lejos. Ella tomará la decisión. Se aparecerá el Sol para dejarme caer nuevamente al mar, o se mantendrá lejos permitiéndome seguir volando hasta encontrar un buen continente en dónde habitar? El tiempo lo dirá.

Ave oscura (¿no era blanca?)

Hacia donde has volado ave mía?, en qué lugar has estado que has perdido el color?...
Cuánto tiempo más he de esperar tu regreso?
Hoy te quiero decir cosas que nunca te he dicho pero no sé cómo hacerlo... Primero que nada comenzaré con lo que ya sabes, que eres única, que te amo y que quemaría mil veces más mis alas por tí... pero...
He pasado tanto tiempo esperando verte volar por estos cielos que a veces pienso que mi espera por ti sería eterna. Qué lástima, hace tantas lunas que no me ves volar y ahora te acabas de perder el último de mis vuelos. Y lo peor es que no sé ni para cuándo eso vuelva a suceder. Estoy aquí, de nuevo, naúfrago en el mar de mi propia existencia, con las alas ajadas.
Cuando te conocí por primera vez, hace ya doce años, me mostraste un plumaje brillante que presumías en cada aleteo. Entonces mis alas no se comparaban con las tuyas, aún no tenían forma, eran prematuras. Con el tiempo fui aprendiendo de ti a desplegar mi vuelo y fue gracias a ti que conocí el significado del amor... aunque después haya sido merecedor de tu desprecio. Después ya ni siquiera te atrevías a voltear hacia abajo más que para burlarte del torpe vuelo de un esclavo con alas artificiales. Y luego volaste lejos, de donde creí que ya no regresarías, pero lo hiciste, volviste de tu ausencia, y aunque tu vuelo se había vuelto más lento y bajo --o acaso el mío ya era más alto-- me mirabas aún con despotismo... pero no por mucho tiempo. Con el pasar de los meses aprendimos a volar por el mismo cielo, sin temor de compartirlo el uno con el otro y hasta volábamos juntos, uno al lado del otro.
Qué tiempos aquéllos... Nunca creí añorarlos tanto.
Pero henos aquí, yo sin saber de tí ni tú de mí.
Recuerdas cuando solíamos decir que siempre estaríamos ahí para cuando nos necesitáramos?
Yo sí.
Pero en aquel entonces no teníamos ni idea de las cosas que se avecinarían, de las torrenciales lluvias que hundirían nuestro cielo y borrarían las palabras dichas con tanta firmeza.
Y ahora estoy aquí viviendo mi vida... Ah, porque ya tengo, oficialmente, una vida --bueno, sies que a esta existencia se le puede llamar vida--. La conseguí hace algún tiempo en un cibercafé.
Ya no es tu vida, ni la de Leo, ni la de Lana la que estoy viviendo. Es mía. Al fin tengo una para mí. Y ya puedo decir que es intensa --aunque a los ojos de algunos parezca más bien vertiginosa--, con sus más y sus menos, pero mía a fin de cuentas. Y no es que me esté despidiendo de nadie, simplemente estoy tratando de encontrarle un sentido a las cosas sin tener a alguna persona como guía.
Trato de vivir sin necesitarlos, desprendiéndome de las cadenas que me mantienen unido a tí, a ustedes; de ser independiente; de darme cuenta de que no siempre estarán ahí, para mí, cuando los necesite. De enfrentar mis problemas solo (como siempre, pero esta vez sin falsas promesas o ilusiones de su aliento) y aceptar las consecuencias. Eso es lo que quiero. Ser feliz sin depender de alguien para ello.

en la oscuridad

Qué día...
Primero no me levanto con las ganas suficientes de mantener los ojos abiertos... y luego lo demás...
Hoy hace oficialmente un mes que no le hablo a mi ave blanca más que para decir hola, adiós, sí. No he visto a su felino desde la última vez que lo hice sentir mal, o sea, hace 15 días.
No sé qué pensar. Se supone que mis amigos estarían aquí cuando los necesitara, y resulta que los que yo creí mejores prefieren fingir mi inexistencia --joder, tantas veces que les he dedicado más que mi ser y de qué sirve... ya no más--, aún estando seguros, como lo están, de que no sólo ellos son los que me necesitan.
Aunado a ello, una nueva depresiòn que amenaza con volverse más caótica que las anteriores. Pero... ¿cuál es la causa? ¿Será acaso la conciencia de que ahora estoy más solo que nunca?, ¿o tal vez sea que he caído en la cuenta de que la ruta que he elegido para mi futuro no es la que yo en verdad deseo?, ¿podría ser tal vez el hecho de no haber encontrado lo que realmente quiero para mi futuro?, ¿o quizá la ausencia de aquellos seres a los que amo y que sin más se han alejado de mí?... No lo sé. El caso es que el día de hoy me siento así, como si el sol que había estado brillando durante las últimas semanas otra vez atentara contra mis alas, deseoso de fundirlas y verme caer de nuevo.